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Hair Transplant Institute Miami
 


Boletín Jewish Journal

El trasplante capilar, símbolo de una vida más normal
Por Vanessa C. Reyes, Redactora del Journal
29 de Agosto de 2006

Sarah Mermel, izquierda, con el Dr. Bernard Nusbaum

Para algunas personas el cabello es una cuestión de estilo y color.

Para Sarah Mermel, es símbolo de una vida más normal.

La Srita. Mermel, de 22 años, ha estado librando una larga y ardua batalla contra un tumor cerebral desde la edad de 12 años. Este padecimiento le provocó la pérdida permanente del cabello.

"Es difícil para ella, como mujer joven, no poder peinarse y tener que hacer todo en privado", señaló su mamá, Lory Mermel.

Por una coincidencia, que la Sra. Mermel llama un milagro, su familia conoció al Dr. Bernard Nusbaum, también miembro de la congregación del Centro Chabad de Kendall.

"Conocí a Sarah en el templo donde suele asistir, y alguien me había mencionado que una de las cosas que más deseaba era tener cabello y una apariencia normal, yo he dedicado mi vida al cabello como profesión, y mi especialidad son exclusivamente los pacientes con pérdida del cabello", comentó el Dr. Nusbaum.

El Dr. Nusbaum es fundador y presidente del Instituto de Trasplante Capilar de Miami en Coral Gables.

Él sabe por experiencia propia cómo la falta de cabello puede afectar la autoestima de una persona. Él mismo padeció calvicie cuando tenía poco más de 20 años.

"Comprendí el estado psicológico de una persona que padece la pérdida del cabello", subrayó el Dr. Nusbaum. "Fue para mí una oportunidad importante poder ayudar a Sarah. Se trata de una joven que ya había tenido que soportar muchas dificultades y, de hecho, yo utilizo mis habilidades para ayudar a las personas y especialmente a alguien que se somete a un tratamiento no solamente por razones cosméticas".

Así, la Srita. Mermel recibió en forma gratuita un tratamiento que suele costar de $5,000 a $10,000, según la cantidad de procedimientos que el paciente requiera.

"Yo recibí la mayor recompensa al ver la alegría en su rostro el día que llegó, sabiendo el origen de su sonrisa y cuando ella me dijo lo contenta que estaba", continuó el Dr, Nusbaum. "Hay a diario personas que me dicen que he cambiado sus vidas, pero en este caso tan especial, poder cambiar una vida significa para mí una gran recompensa".

La batalla de la Srita. Mermel comenzó a los 12 años, cuando su familia descubrió que tenía un tumor en el lado izquierdo del cerebro.

Mediante prolongados tratamientos de quimioterapia y bisturí de rayos gama (un tipo de radiación menos agresiva que destruye las células indeseables), parecía que el organismo de Sarah había logrado vencer el crecimiento del tumor.

Cinco años más tarde, se presentó un nuevo tumor más agresivo y le dijeron a la familia que no había nada que hacer.

Lejos de claudicar, la joven Mermel encontró un programa de investigación clínica de Judah Folkman, especialista en antiangiogénesis, un proceso que se piensa que bloquea el suministro de sangre que alimenta el tumor.

El cuerpo debilitado de Sarah no respondió bien y la chica sufrió una embolia a los 18 años. A causa de la radiación, Sarah sufrió la pérdida permanente de su cabello, y como consecuencia de la embolia, Sarah perdió algunas de sus funciones cognoscitivas.

El lado derecho de su cuerpo quedó paralizado y la chica ahora lee al nivel de sexto o séptimo grado y su habla también resultó afectada.

"Iba a clases para alumnos especialmente con talento sobresaliente, y después de la embolia, no podía distinguir una letra de la otra", lamentó Lory Mermel. "No puede sumar, restar, ni hacer ninguna operación numérica porque esa parte del cerebro resultó muy dañada, así como la parte que se encarga de dar instrucciones de movimiento a su mano derecha y a su pierna derecha".

Pero la embolia no afectó su fuerza de voluntad.

"Hablo un poco lento, pero hace cuatro años no podía decir nada", comentó Sarah.

"Pensar que estaré paralizada de por vida y que no volveré a ser normal [es lo más difícil para mí]. Me cuesta mucho trabajo levantarme e ir al baño, pero me pongo mi aparato ortopédico en la pierna y me pongo otro en el brazo y voy al baño. Pero amo la vida. Amo a mi familia y a mis amigos".

Su fe ayuda a la familia a salir adelante.

"He pasado mi vida entrando y saliendo de hospitales para llevar a Sarah a su tratamiento", añadió Lory Mermel. "Mi esposo reza mucho y si no fuéramos a Chabad, nunca hubiéramos conocido al Dr. Nusbaum".

Ahora Sarah puede peinarse el cabello que le empieza a crecer y está en espera de otro tratamiento para trasplantarle más cabello de la nuca a la parte superior de la cabeza.

"Ahora mismo, podemos afirmar que confiamos en que hemos vencido ese cáncer. La enfermedad ha dejado de crecer y mi hija ya no está tomando ningún medicamento", afirmó la Sra. Mermel.

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